La mayoría de los que hoy somos adultos nos sentimos quebrantados por momentos en nuestra niñez en los que alguien nos dejó caer. Quizás no se quebraron nuestros tobillos –como le pasó a Mefiboset–, pero sí se lastimó nuestro corazón, alejándonos del Señor. Sin embargo, debemos recordar que Jesús dijo que venía a "sanar a los quebrantados de corazón". Dios toma a quienes están hechos trizas y heridos, y los rehabilita para que puedan ser portadores de sanidad. No importa cuánto tiempo te hayas mantenido alejados de Dios, tu condición real nunca ha cambiado. Puede que ahora vistas harapos y tengas mal olor, pero ¡tienes alma de príncipe y sangre de Rey!
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