Hoy estaremos leyendo Josué 21 y 22, Juan 1 y 2 y el Salmo 68:22-35. En Josué 21, se reparten las ciudades a los levitas, aquellos que no recibieron una herencia territorial como las demás tribus, porque su porción era servir al Señor. Pero aun ellos fueron cuidados por Dios con provisión específica y lugares asignados entre las otras tribus.
Y al final de este capítulo, encontramos una de las declaraciones más poderosas de todo el libro. En Josué 21:45, dice:
"Ni una sola de todas las buenas promesas que el Señor le había hecho a la familia de Israel quedó sin cumplirse; todo lo que Él había dicho se hizo realidad" (NTV).
En Josué 22, las tribus que ayudaron a conquistar la tierra regresan a sus territorios al otro lado del Jordán. Aunque surge un malentendido, finalmente se aclara con diálogo, verdad y temor de Dios. La unidad del pueblo es preservada por la sabiduría y la disposición de escuchar.
Reflexiona: ¿Estás creyendo que lo que Dios prometió, Él lo cumplirá en tu vida? ¿Estás caminando en obediencia y unidad con los que Dios puso a tu lado?
Entramos ahora al evangelio de Juan, y lo hacemos con una declaración celestial. En Juan 1:1 y 14, dice:
"En el principio la Palabra ya existía. La Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios… Así que la Palabra se hizo hombre y vino a vivir entre nosotros" (NTV).
Jesús no solo es un gran maestro o profeta. Él es Dios mismo, hecho carne, habitando entre nosotros para revelarnos al Padre.
También se presenta como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29), y como Aquel que bautiza con el Espíritu Santo (Juan 1:33).
En Juan 2, Jesús hace su primer milagro: convierte el agua en vino en una boda. Un acto lleno de simbolismo: el reino ha comenzado, la abundancia está aquí, y Jesús trae lo mejor al final. Luego, limpia el templo, declarando que su cuerpo sería el nuevo templo, y anuncia su muerte y resurrección.
Reflexiona: ¿Estás reconociendo a Jesús como el Hijo de Dios, el Cordero, el Rey y el renovador de tu vida? ¿Estás dejando que Él limpie tu templo interior y lo llene de su presencia?
En esta última parte del Salmo 68, el salmista celebra cómo Dios trae justicia, derrota a sus enemigos y fortalece a Su pueblo con poder.
En el verso 32 al 35, dice:
"Cántenle a Dios, reinos de la tierra, cántenle alabanzas al Señor. A Él que cabalga por los cielos eternos… Su poder es imponente… Dios de Israel, tú das poder y fuerza a tu pueblo. Bendito sea Dios" (NTV).
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