Hoy estaremos leyendo Jueces 17 y 18, Juan 11:1-37 y el Salmo 73:1-10. En Jueces 17, encontramos a un hombre llamado Micaía, que roba a su madre, pero cuando devuelve el dinero, ella decide hacerle un ídolo con parte del botín. Luego, él construye un santuario personal, ordena a su hijo como sacerdote, y más tarde contrata a un levita como sacerdote privado. Todo esto revela un vacío espiritual y una mezcla peligrosa de tradiciones religiosas y desobediencia.
La clave está en Jueces 17:6, que se repite en varios momentos de este libro:
“En esos días Israel no tenía rey; cada uno hacía lo que le parecía correcto según su propio criterio.” (NTV)
En el capítulo 18, la tribu de Dan busca territorio y termina robando los ídolos de Micaía y llevándose también a su sacerdote. Todo parece funcionarles, pero nada de esto era aprobado por Dios. Era adoración sin verdad, religión sin relación.
Reflexiona: ¿Estás construyendo una fe bíblica o una espiritualidad a tu medida? ¿Estás buscando agradar a Dios o simplemente sentirte bien contigo mismo?
En Juan 11, Jesús recibe la noticia de que su amigo Lázaro está enfermo, pero decide esperar. Cuando llega a Betania, Lázaro ya ha muerto. Marta sale a su encuentro y le dice:“Señor, si tan solo hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto” (v. 21).Jesús le responde con una promesa poderosa:
“Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aun después de haber muerto” (v. 25).
Pero lo que más conmueve es la humanidad de Jesús. Al ver el dolor de María y de los que lloraban, Jesús se conmovió profundamente y lloró (v. 35).
El Hijo de Dios, el que está a punto de resucitar a Lázaro, no ignora el dolor humano. Lo abraza, lo comparte, lo llora.
Reflexiona: ¿Estás en una etapa de duelo, de pérdida o de espera? Jesús no solo tiene poder para resucitar, también tiene compasión para llorar contigo.
El salmista, Asaf, comienza con una declaración de fe:“Ciertamente Dios es bueno con Israel, con los de corazón puro” (v. 1).Pero inmediatamente reconoce una lucha interior. En verso 3, confiesa:
“Pues envidiaba a los orgullosos cuando los veía prosperar a pesar de su maldad” (NTV).
Los malvados parecen tener vidas tranquilas, salud, riqueza y orgullo sin consecuencias. Asaf expresa algo que muchos creyentes sienten en silencio: ¿vale la pena seguir a Dios cuando quienes lo ignoran parecen tenerlo todo?
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