Hoy estaremos leyendo Joel 1-3, Apocalipsis 1-2 y Proverbios 25:1-10. En Joel 1 al 3, Dios usa una crisis nacional para llamar a Su pueblo al arrepentimiento y a la esperanza. En el capítulo 1, una plaga devastadora de langostas arrasa la tierra. Joel lo describe con detalle: lo que dejó una plaga lo devoró la siguiente, hasta no quedar fruto ni cosecha. Pero la intención no es destruir, sino despertar. “Despierten… lloren… clamen al Señor.” Cuando Dios permite temporadas de pérdida, a menudo es para que el corazón vuelva al único que puede restaurar.En el capítulo 2, Dios llama a todo el pueblo —ancianos, sacerdotes, niños y aun recién casados— a reunirse y clamar: “Vuélvanse a mí de todo corazón.” Y entonces llega una de las promesas más hermosas de la Escritura: “Yo restauraré los años que comió la langosta.” Dios no solo perdona; repara. Y derrama Su Espíritu sobre toda carne: hijos e hijas profetizarán, jóvenes verán visiones y ancianos soñarán sueños.En el capítulo 3, Dios promete juicio a las naciones que oprimieron a Israel y anuncia el día del Señor. Para Su pueblo, será un día de refugio: “El Señor será la esperanza de Su pueblo.” Reflexiona: ¿Qué áreas de tu vida necesitan restauración? ¿Estás volviendo a Dios con todo tu corazón, o solo con palabras?
En Apocalipsis 1 y 2, Juan recibe la revelación de Jesucristo con una visión poderosa. En el capítulo 1, Jesús aparece glorioso: ojos como fuego, voz como muchas aguas, rostro resplandeciente como el sol. Él sostiene a las iglesias en Su mano y declara: “Yo soy el Primero y el Último; estuve muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos.” Cristo resucitado es el centro de toda revelación y el Señor de la historia.En el capítulo 2, Jesús envía mensajes a cuatro iglesias. A Éfeso la elogia por su doctrina, pero la llama a volver a su primer amor. A Esmirna la fortalece en medio del sufrimiento. A Pérgamo le pide arrepentirse de tolerar enseñanzas equivocadas. A Tiatira la confronta por permitir pecado disfrazado de espiritualidad. En cada carta, Jesús conoce las obras, examina los corazones y promete recompensa a los vencedores. Reflexiona: ¿Cómo describiría Jesús hoy tu amor, tu fidelidad y tus obras? ¿Hay algo que necesitas recuperar, limpiar o fortalecer?
En Proverbios 25:1–10, aprendemos la importancia de la humildad, la prudencia y la corrección. “La gloria de Dios es ocultar un asunto, pero la gloria de los reyes es investigarlo.” La sabiduría implica profundizar, no quedarse en lo superficial. También dice: “No te ensalces en presencia del rey.” Es mejor ser invitado a subir que avergonzado por ocupar un lugar que no te corresponde. La humildad siempre abre puertas que el orgullo cierra. El pasaje también aconseja no apresurarse a litigar ni exponer asuntos sin pensar; es mejor resolver en privado a que la vergüenza quede en evidencia.
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