En 1856, décadas antes de que se acuñara el término “gas de efecto invernadero”, Eunice Newton Foote demostró el efecto invernadero en su laboratorio casero. Colocó un cilindro de vidrio lleno de dióxido de carbono al sol y observó que se calentaba mucho más rápido que un cilindro con aire común. Su conclusión: más dióxido de carbono en la atmósfera da lugar a un planeta más cálido. Años más tarde, un científico británico llamado John Tyndall realizó un experimento mucho más complejo que demostró el mismo efecto y explicó su funcionamiento. Hoy en día, Tyndall es ampliamente reconocido como el hombre que descubrió el efecto invernadero. ¡Incluso hay un cráter en la luna que lleva su nombre! Mientras que Eunice Newton Foote fue olvidada por la historia… hasta que un historiador aficionado redescubrió su legado.
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