Hoy estaremos leyendo Éxodo 5-6, Mateo 23:13-39 y el Salmo 24:1-6. Comenzamos con Éxodo 5 y 6, donde Moisés y Aarón enfrentan su primera gran prueba en la misión que Dios les encomendó. En Éxodo 5, Moisés y Aarón se presentan ante el faraón para pedirle que deje ir al pueblo de Israel, pero en lugar de obedecer, el faraón endurece su corazón y aumenta la carga sobre los esclavos israelitas. En el versículo 2, el faraón responde: "¿Quién es el Señor para que yo le obedezca y deje ir a Israel? Yo no conozco al Señor, y no dejaré ir a Israel" (Éxodo 5:2, NTV). Esto nos recuerda que, cuando Dios nos llama a cumplir Su propósito, podemos enfrentar resistencia, pero Su plan siempre prevalecerá.
En Éxodo 6, Dios reafirma Su promesa a Moisés, declarando Su fidelidad y poder. En el versículo 6, Dios dice: "Por lo tanto, dile al pueblo de Israel: ‘Yo soy el Señor. Te libraré de la opresión de los egipcios. Te rescataré de tu esclavitud en Egipto. Te redimiré con mi brazo poderoso y con grandes actos de juicio’" (Éxodo 6:6, NTV). A pesar de la resistencia del faraón y la desilusión del pueblo, Dios asegura que cumplirá Su plan de liberación. Reflexiona: ¿Estás confiando en las promesas de Dios, incluso cuando enfrentas resistencia o tiempos difíciles?
Pasamos ahora a Mateo 23:13-39, donde Jesús pronuncia una serie de denuncias contra los fariseos y maestros de la ley, señalando su hipocresía y falta de integridad. Jesús les dice: "¡Ay de ustedes, maestros de la ley religiosa y fariseos! ¡Hipócritas! Pues les cierran la puerta del reino del cielo en la cara a la gente. Ustedes mismos no entran, y no dejan entrar a los demás" (Mateo 23:13, NTV). Jesús confronta su religiosidad superficial y los llama a una vida de autenticidad y verdadera justicia.
Más adelante, Jesús expresa Su profundo dolor por la resistencia de Jerusalén al mensaje de Dios. En el versículo 37, clama: "¡Oh Jerusalén, Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas y apedrea a los mensajeros de Dios! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos como una gallina protege a sus pollitos bajo sus alas, pero no me dejaron!" (Mateo 23:37, NTV). Este pasaje nos recuerda el corazón compasivo de Jesús, quien desea salvar y restaurar, pero respeta nuestra decisión de aceptarlo o rechazarlo. Reflexiona: ¿Estás viviendo con integridad y autenticidad en tu fe? ¿Estás respondiendo al llamado de Jesús a vivir bajo Su protección y dirección?
Finalmente, llegamos al Salmo 24:1-6, un himno de adoración que exalta la soberanía y la santidad de Dios. El salmista comienza declarando: "La tierra es del Señor y todo lo que hay en ella; el mundo y todos sus habitantes le pertenecen" (Salmo 24:1, NTV). Este versículo nos recuerda que todo en la creación le pertenece a Dios y que nuestra vida debe reflejar Su gloria.
En los versículos 3 y 4, el salmista hace una pregunta clave: "¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en su lugar santo? Solo los de manos limpias y corazón puro, que no rinden culto a ídolos y nunca dicen mentiras" (Salmo 24:3-4, NTV). Este pasaje nos desafía a vivir con pureza e integridad, buscando al Señor con un corazón sincero.
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