Hoy estaremos leyendo Éxodo 11-12 Mateo 25:1-13 y el Salmo 25:11-22. Comenzamos con Éxodo 11 y 12, donde Dios prepara el momento culminante para liberar a Israel de la esclavitud en Egipto. En Éxodo 11, Dios anuncia la décima y última plaga: la muerte de todos los primogénitos de Egipto. En el versículo 7, Dios dice: "Sin embargo, entre los israelitas ni siquiera un perro ladrará contra las personas ni contra los animales. Entonces sabrán que el Señor hace una distinción entre los egipcios y los israelitas" (Éxodo 11:7, NTV). Esto muestra cómo Dios cuida a Su pueblo mientras ejecuta juicio sobre Egipto.
En Éxodo 12, se introduce la celebración de la Pascua. Dios instruye a los israelitas a sacrificar un cordero sin defecto, poner su sangre en los postes y el dintel de sus puertas, y permanecer en sus casas mientras el ángel de la muerte pasa por Egipto. En el versículo 13, Dios dice: "La sangre servirá como una señal en las casas donde ustedes estén; cuando yo vea la sangre, pasaré de largo. Esta plaga de muerte no los tocará a ustedes cuando yo hiera la tierra de Egipto" (Éxodo 12:13, NTV). Este evento no solo marca la liberación de Israel, sino que también apunta proféticamente a Jesús, el Cordero de Dios, cuya sangre nos salva de la muerte eterna. Reflexiona: ¿Estás viviendo bajo la cobertura de la sangre de Jesús, confiando en Su sacrificio como tu redención?
Pasamos ahora a Mateo 25:1-13, donde Jesús cuenta la parábola de las diez jóvenes, una enseñanza sobre la importancia de estar preparados para Su regreso. En la historia, diez jóvenes esperan al novio, pero solo cinco de ellas son sabias y llevan suficiente aceite para sus lámparas. Las otras cinco, llamadas necias, no tienen suficiente aceite y se quedan fuera de la fiesta de bodas. En el versículo 13, Jesús concluye: "Así que ustedes también deben estar alerta, porque no saben el día ni la hora de mi regreso" (Mateo 25:13, NTV).
Esta parábola nos recuerda que la preparación para el regreso de Jesús no es algo que se pueda dejar para el último momento. Se trata de vivir cada día con una relación activa con Él, buscando Su presencia y obedeciendo Su Palabra. Reflexiona: ¿Estás viviendo con una fe activa y una expectativa constante del regreso de Jesús? ¿Estás cuidando el "aceite" de tu relación con el Señor?
Finalmente, llegamos al Salmo 25:11-22, donde David expresa su confianza en Dios como protector: "Protégeme, rescata mi vida de mis enemigos; no permitas que pase vergüenza, porque en ti me refugio" (Salmo 25:20, NTV). Este salmo nos recuerda que Dios es nuestra fuente de esperanza y que podemos confiar en Él en medio de nuestras luchas y dificultades.
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