Hoy estaremos leyendo Éxodo 23-24, Mateo 27:27-44 y el Salmo 29. Comenzamos con Éxodo 23 y 24, donde Dios continúa estableciendo principios de justicia y adoración para Su pueblo. En Éxodo 23, Dios da instrucciones sobre la equidad en el trato con los demás, el descanso de la tierra, y la celebración de las fiestas anuales. Un principio clave es el mandato de no oprimir al extranjero, recordando la experiencia de Israel en Egipto. En el versículo 9, Dios dice: "No oprimas a los extranjeros. Tú sabes lo que es ser extranjero, porque tú mismo fuiste extranjero en la tierra de Egipto" (Éxodo 23:9, NTV). Este pasaje nos recuerda que Dios nos llama a tratar a los demás con compasión y justicia, recordando siempre Su gracia en nuestra vida.
En Éxodo 24, Dios confirma Su pacto con Israel a través de Moisés. En el versículo 7, el pueblo responde: "Haremos todo lo que el Señor ha ordenado; obedeceremos" (Éxodo 24:7, NTV). Sin embargo, más adelante veremos que Israel luchará con la obediencia, tal como nosotros enfrentamos desafíos al seguir la voluntad de Dios. Pero a pesar de nuestras fallas, Dios sigue siendo fiel. Reflexiona: ¿Estás viviendo en obediencia a los principios de Dios, confiando en Su justicia y misericordia?
Pasamos ahora a Mateo 27:27-44, donde Jesús es brutalmente maltratado antes de Su crucifixión. Los soldados lo ridiculizan, le colocan una corona de espinas y se burlan de Él diciendo: "¡Salve, Rey de los judíos!" (Mateo 27:29, NTV). Luego lo llevan al lugar de la crucifixión y lo clavan en la cruz junto a dos criminales. Mientras agoniza, los líderes religiosos y los transeúntes lo insultan, diciéndole: "Salvaste a otros, pero no puedes salvarte a ti mismo" (Mateo 27:42, NTV).
Lo que no comprendían era que Jesús, al no salvarse a sí mismo, estaba cumpliendo el propósito divino de salvarnos a nosotros. Su sufrimiento no fue un signo de debilidad, sino de amor supremo y obediencia total al Padre. Reflexiona: ¿Estás viviendo con gratitud por el sacrificio de Jesús, entendiendo que Él sufrió para darte vida eterna?
Finalmente, llegamos a Salmo 29, un canto de adoración que exalta la voz poderosa de Dios. El salmista comienza diciendo: "Honren al Señor, seres celestiales; honren al Señor por su gloria y fortaleza" (Salmo 29:1, NTV). Luego, describe cómo la voz del Señor resuena con poder, sacudiendo la tierra y demostrando Su soberanía sobre la creación.
El salmo concluye con una promesa de paz para Su pueblo: "El Señor da fuerza a su pueblo; el Señor lo bendice con paz" (Salmo 29:11, NTV). Este pasaje nos recuerda que, aunque Dios es poderoso y Su voz puede hacer temblar la tierra, Su deseo es bendecirnos con paz y fortaleza.
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