Hoy estaremos leyendo Éxodo 33-34, Marcos 1:21-45 y el Salmo 32:1-11. Comenzamos con Éxodo 33 y 34, donde Moisés intercede por el pueblo y experimenta un encuentro único con la gloria de Dios. En Éxodo 33, después de la rebelión del becerro de oro, Dios le dice a Moisés que no irá con el pueblo a la Tierra Prometida, pero Moisés clama al Señor diciendo: "Si tú no vienes con nosotros, no nos hagas salir de este lugar" (Éxodo 33:15, NTV). Moisés entendía que la presencia de Dios era más importante que cualquier bendición terrenal.
Dios responde a su clamor y le concede un deseo aún más profundo: "Te haré pasar delante de ti toda mi bondad y anunciaré delante de ti mi nombre, Yahveh" (Éxodo 33:19, NTV). En Éxodo 34, Dios renueva Su pacto con Israel y proclama Su carácter: "El Señor, el Dios de compasión y misericordia. Soy lento para enojarme y estoy lleno de amor inagotable y fidelidad" (Éxodo 34:6, NTV). Reflexiona: ¿Estás buscando la presencia de Dios en tu vida más que cualquier otra cosa? ¿Anhelas conocer más de Su carácter y vivir bajo Su gracia y fidelidad?
Pasamos ahora a Marcos 1:21-45, donde Jesús demuestra Su autoridad enseñando, sanando y liberando a los oprimidos. En la sinagoga de Capernaúm, la gente queda asombrada por Su enseñanza porque "lo hacía con verdadera autoridad, algo completamente diferente de lo que hacían los maestros de la ley religiosa" (Marcos 1:22, NTV). Mientras enseña, un hombre poseído por un espíritu maligno interrumpe, pero Jesús lo reprende y lo libera con Su palabra, mostrando Su poder sobre el reino de las tinieblas.
Después, Jesús sana a la suegra de Pedro y a muchas otras personas enfermas y oprimidas. Pero, en medio de Su creciente fama, Jesús no se deja llevar por la multitud, sino que "Antes del amanecer, Jesús se levantó y fue a un lugar aislado para orar" (Marcos 1:35, NTV). Su vida de milagros estaba sostenida por Su relación íntima con el Padre.
El capítulo concluye con un leproso que se acerca a Jesús y le dice: "Si tú quieres, puedes sanarme y dejarme limpio"(Marcos 1:40, NTV). Jesús, movido por compasión, lo toca y le dice: "Sí, quiero. Queda sano" (Marcos 1:41, NTV). Reflexiona: ¿Estás confiando en la autoridad de Jesús sobre toda situación en tu vida? ¿Estás priorizando tu comunión con el Padre como lo hizo Jesús?
Finalmente, llegamos a Salmo 32, un salmo que celebra la alegría del perdón. En el versículo 1, David declara: "¡Qué alegría para aquellos a quienes se les perdona la desobediencia, a quienes se les cubre el pecado!" (Salmo 32:1, NTV). David describe el peso del pecado no confesado como una carga pesada, pero cuando finalmente lo confesó, experimentó la gracia restauradora de Dios.
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