Hoy estaremos leyendo Génesis 15-16, Mateo 5, y Salmo 5. En Genesis 15 Dios le dice a Abram: "No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande". Estas palabras son un recordatorio de que Dios protege y recompensa a aquellos que confían en Él. Sin embargo, Abram tiene dudas porque todavía no tiene hijos, y en el versículo 2 le dice: "Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo?" A pesar de las preguntas de Abram, Dios le asegura que su descendencia será tan numerosa como las estrellas del cielo. En el versículo 6 leemos: "Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia". Esta declaración nos muestra que la fe, y no nuestras obras, es lo que nos justifica delante de Dios.
En Génesis 16, vemos que Sarai, al no ver cumplida la promesa de Dios de inmediato, decide tomar el asunto en sus propias manos y le pide a Abram que tenga un hijo con su sierva Agar. Esto genera conflictos y dolor, lo que nos enseña que cuando tratamos de adelantarnos a los planes de Dios, a menudo complicamos las cosas. Sin embargo, incluso en medio del caos, Dios ve y cuida. Agar, al huir, es encontrada por el ángel del Señor, quien le dice en Génesis 16:13: "Tú eres el Dios que me ve". Esto nos recuerda que Dios no solo es fiel a Sus promesas, sino que también ve nuestras luchas y nos cuida en medio de ellas. Hoy reflexiona: ¿Hay algo en tu vida donde estás luchando por confiar en el tiempo de Dios? Él te ve y te pide que confíes en Él.
En Mateo 5, el comienzo del Sermón del Monte. Este capítulo está lleno de enseñanzas poderosas sobre cómo vivir como ciudadanos del Reino de Dios. Jesús comienza con las Bienaventuranzas, declarando benditos a aquellos que tienen hambre y sed de justicia, a los misericordiosos, a los pacificadores, y a los perseguidos por causa de la justicia. Mateo 5:14 nos dice: "Ustedes son la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder". Esta es una invitación a vivir vidas que reflejen el carácter de Dios, marcadas por la justicia, el amor y la misericordia. Más adelante, Jesús profundiza en cómo nuestra justicia debe ir más allá de las apariencias externas y nacer de un corazón transformado. Una de ellas es el perdon a aquellos que nos han hecho daño. Reflexiona: ¿Cómo estás viviendo tu fe de manera que otros puedan ver la luz de Cristo en ti?
Finalmente, llegamos a Salmo 5, una oración de David que nos enseña a buscar a Dios con confianza y devoción. En el versículo 3, David dice: "Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré". Este salmo nos recuerda que podemos llevar nuestras peticiones a Dios y confiar en Su justicia. También nos invita a vivir vidas de integridad, sabiendo que Dios escucha nuestras oraciones y responde según Su voluntad. En el versículo 12, leemos: "Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; como con un escudo lo rodearás de tu favor". Este pasaje es un llamado a empezar nuestros días en oración, buscando a Dios y confiando en Su cuidado.
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