Devastada por la muerte de su mentora, ocurrida tras un parto, Evangelina decidió dedicar su vida a la salud de la mujer. Tardó una década en reunir el dinero para ir a París, que en ese entonces era la meca de la formación médica. Nunca se rindió. A los 42 años se embarcó en un buque de vapor rumbo a Francia, país que experimentaba un boom durante los años de la posguerra. Estudió obstetricia y ginecología con los mejores especialistas y empezó a asimilar las ideas modernas sobre salud pública. Su objetivo: volver a su país y revolucionar la sanidad dominicana.
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